Written by : Lesley Porcelli

Los 5 mejores consejos para ahorrar tiempo en la cocina

Siempre estoy buscando formas de ahorrar unos minutos en la preparación de mis comidas sin sacrificar la calidad o el valor nutritivo. Estos son algunos trucos culinarios que podrás adoptar fácilmente.

Mujer quemando una tostada

Cocinar es un placer. Cocinar es odioso.

Me encanta cocinar. Los libros y las revistas de cocina son una parte muy importante de mi placer por la lectura. Caray, debo decirlo, ¡soy diplomada en gastronomía!

Pero como todo lo que hay que hacer (en ocasiones, muchas veces al día, todos los días) preparar comidas que demoran mucho tiempo puede ser verdaderamente una carga. A veces, después de un largo día de trabajo cuando los niños tienen hambre y están molestos, parece casi imposible.

Para mi es importante que comamos juntos, en familia. Y sé lo importante que es para nuestro bienestar que el alimento que comemos no solo sea sabroso sino también nutritivo, y eso casi siempre significa “comida hecha en casa”.

Y en ese sentido, las bolsas para hervir, cocinar al microondas o ayudarte con esos alimentos precocidos de carne molida… sencillamente no sirven. Por eso siempre estoy buscando formas de ahorrar unos minutos en la preparación de la cena sin sacrificar en

calidad o valor nutritivo.

Estos son algunos trucos culinarios que podrás adoptar fácilmente.

1. Acude al freezer… pero no para todo

En un mundo ideal todos estaríamos comiendo comidas de estación, verduras orgánicas cultivadas localmente y vendidas al aire libre en adorables mercados de agricultores. Pero esta es la realidad.

En el freezer algunas verduras se mantienen mucho mejor que otras; de hecho, yo diría que algunas congeladas son mejores que frescas o al menos son más fáciles de manipular.

Fíjate estos tres ejemplos:

– Espinaca. Las espinacas de hojas enteras congeladas se venden seleccionadas, lavadas y blanqueadas, por lo que ya están listas para descongelar y saltear con ajo y aceite o para preparar otra receta, sin necesidad de cocción previa. (Esto también evita las adivinanzas que muchas veces acompañan a la espinaca: ¿Me alcanzarán estos nueve paquetes para todos mis invitados o quedarán reducidos a dos cucharadas soperas?)

– Guisantes. Si no fuera por los guisantes congelados todas estaríamos limitadas a usar los guisantes frescos tan solo tres semanas cuando están disponibles en la primavera, después de haberlos desgranado cuidadosamente. Los guisantes congelados se pueden agregar en estofados al final de la cocción o mezclar con pasta, crema y panceta para preparar un rico platillo entre semana.

– Cebollas perla. ¿Las has cocinado alguna vez? Para cuando hayas terminado de retirar esa última capa de cáscara, estarás lista para dejarle un ojo morado a quien sea que haya inventado el estofado de res o Beef Bourguignon. (O los dos ojos morados, si las hierves previamente.) Pero ¡aleluya! Las cebollas perla ya se venden peladas y listas para consumir en la sección de congelados y jamás notarás ninguna diferencia de sabor.

2. Deja que el agua de la pasta trabaje doble

Toma el ejemplo de los italianos y usa esa gran olla de agua salada con pasta para cocinar otros ingredientes de la comida, y de esa forma podrás ahorrar tiempo y no tendrás que usar otra olla.

Por ejemplo, si estás preparando un clásico orecchiette con salchicha y brócoli rabé, mientras doras las salchichas en una sartén, comienza a cocinar la pasta en agua hirviendo y después de unos minutos, agrega el brócoli rabé cortado en la olla con la pasta. Escurre la pasta junto con el brócoli rabé, agrega las salchichas y… ¡listo! Súper.

3. Elige comidas naturalmente rápidas

Almacena en tu refrigerador, alacena y congelador aquellos productos que se cocinen más rápidamente. En la sección carnes, piensa en las carnes molidas de res, puerco, pavo o pollo para preparar chiles rápidos, salsas para pastas o albóndigas. También busca entrecortes, costillares o chuletas finamente cortadas para asar al carbón o a la plancha en un instante. Para preparar comidas entre semana, evita los grandes cortes de carne, los pollos enteros o los muslos de pollo, que llevan más tiempo de cocción.

Casi todos los mariscos son el aliado más rápido: los camarones, los mejillones, las almejas, las vieiras y los filetes delgados se cocinan en menos de 10 minutos (muchos, en menos de 3 minutos).

4. Elige guarniciones simples

El cuscús instantáneo se cocina en cinco minutos. La mayoría de las pastas se hierven rápidamente pero si necesitas ganar tiempo, usa alimentos pequeños y delgados en lugar de porciones gruesas y grandes. Para preparar una deliciosa guarnición, las papas o los camotes se pueden cortar en dados pequeños y asar a temperatura alta por unos 20 minutos. Y por supuesto que para abrir una lata de frijoles solo necesitas 10 segundos (aunque recomendamos enjuagarlos y agregarles un poco de sal y aceite de oliva antes de servir).

La mayoría de las verduras se cocinan muy rápidamente pero si no has tenido tiempo de comprar y preparar productos frescos, mira la sección anterior de congelados. Si tienes niños puedes cocinar al microondas o hervir alimentos congelados como edamames o esa “mezcla” de frijoles, maíz y zanahorias para preparar platillos rápidos y saludables de verduras que comerán con gusto.

5. Déjala ser… hasta que esté lista

Esa tentación obsesiva de andar volteando continuamente la comida en el asador o en el sartén afecta muchas veces el buen sabor y se tarda más en cocinar. Para lograr la mejor costra posible, voltea tu comida solo una vez, a mitad de la cocción. (Sugerencia: si al intentar voltear la comida notas que se pega, eso significa que aún no está lista; cuando la costra esté en su punto se despegará fácilmente.

Lo mismo ocurre con muchos alimentos que se rostizan al horno. En lugar de mover los cuartos de papas asadas o las rodajas de calabacín, etc., simplemente déjalas cocinar hasta que estén listas. Así evitarás que se rompan o que queden aceitosas y obtendrás una exquisita capa dorada del lado que toca la charola de hornear.


Lesley Porcelli ha estado escribiendo y reflexionando sobre alimentación por más de 15 años. Fue redactora para Martha Stewart Living, editora para Gourmet y es graduada del Institute of Culinary Education. Vive en el centro de Nueva York junto a su esposo, tres niños y una infinita variedad de criaturas marinas de plástico. Cuando no está en plena creación de libros de cocina, en ocasiones escribe para Ugly But Good.

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