Volver a la compasión

Ilustración: manos de distintos colores

Deja de lado la autocrítica y céntrate en ser la mejor versión de ti

En una sala llena de gente, ¿alguna vez te detuviste a observar si había muestras de dolor en sus caras? Después de haber trabajado durante diez años con los roles de liderazgo de personal directivo alrededor del mundo, me doy cuenta que muchas veces me he sentado en salas de reuniones a buscar quién se veía interesado, aburrido o quiénes, al parecer, eran verdaderos jugadores de equipo. De lo que no estoy segura es de haber notado alguna vez muestras de compasión en esos rostros.

Simplemente no entendía el poder que un simple acto de compasión podía tener en una empresa y para ser honesta, tampoco creo haber tenido la confianza suficiente para lograrlo.

¿Por qué es importante la compasión en el trabajo?

En un momento se pensó que la compasión era algo “delicado” o incluso inadecuado dentro del mundo empresarial pero, según la revista Harvard Business Review, cada vez son más las empresas que hoy adoptan una gestión más compasiva y parece ser una inversión estratégica que les ayuda a destacarse entre sus competidores.

De hecho, la profesora Jane Dutton de la Universidad de Michigan, a quien tuve oportunidad de entrevistar recientemente, señala que cada vez más investigaciones indican que cuando experimentamos compasión en el trabajo (como receptores, dadores o simples espectadores) nuestros sentimientos de compromiso por la empresa y niveles de participación se incrementan. La buena disposición y la capacidad para colaborar con los demás también pueden mejorar.

En consecuencia, las empresas que practican y fomentan la compasión en el entorno laboral descubren que ese mecanismo les permite conseguir y conservar talentos, mejorar la colaboración, enriquecer la atención al cliente y posiblemente, impulsar también la capacidad de innovación. Todos estos eran los resultados que los directores de empresas esperaban que yo lograra con los años, no obstante, en ninguna de las descripciones de mis trabajos jamás fue incluida la compasión.

¿Cómo un acto tan simple puede tener tanta fuerza?

Tal vez el profesor Peter Frost de la Universidad de Columbia Británica, fue quien más me ayudó a esclarecer esta cuestión al señalar que, “Siempre hay dolor en un ambiente porque el sufrimiento todo lo domina.”

El sufrimiento puede obedecer a circunstancias que cambian vidas, como el diagnóstico de una enfermedad grave, la pérdida de un ser querido o la pérdida de un empleo que tanto se necesita. En otros momentos, el dolor surge de situaciones menores, como la ansiedad por proyectos que fracasan, la escasez de oportunidades para la empresa o la incertidumbre continua sobre nuestra capacidad para alcanzar determinados objetivos.

Pese a la prevalencia del dolor, la mayoría de nosotros nos hemos vuelto muy hábiles para ocultar cómo nos sentimos en el trabajo. Tenemos miedo a ser vulnerables, y estamos seguros que los demás esperan que sigamos adelante y continuemos produciendo, independientemente de cómo podamos sentirnos por dentro.

Sin embargo, las investigaciones muestran que permitirnos ser compasivos nos ayuda a discernir lo que está ocurriendo y a la vez, mejora nuestra sensación de seguridad psicológica. Eso nos ayuda a ser personas más resilientes, más conectadas entre sí y en última instancia, más saludables y más alegres, a pesar del dolor.

Los estudios también sugieren que la práctica de la compasión genera una dinámica espiral en la que los que se encuentran del lado receptor estarán mejor preparados o tendrán más posibilidades de cuidar y prestar apoyo a los demás.

No pude dejar de preguntarme por qué nada de esto jamás fue abordado antes en ninguna de las innumerables reuniones de capacitación en liderazgo a las que asistí.

Entonces, ¿qué se puede hacer para ser más compasivos en el trabajo?

Lo bueno es que los investigadores han descubierto que hemos nacido para observar, sentir, interpretar y dar respuesta al sufrimiento ajeno, en lugar de darle la espalda.

“En vez de preocuparnos por tratar de remediar el dolor ajeno, tomarnos sencillamente el tiempo para palpar ese dolor, preguntar, sentir empatía y escuchar con atención y sin juzgar, puede ser un acto de compasión en su máxima expresión”, señala la profesora Dutton.

Después de haber aprendido todo esto, y desde que comencé a observar el dolor en el ambiente y a generar un espacio para que la gente pueda simplemente hablar y prestar atención, fue asombroso ver el cambio positivo que se puede conseguir con un acto tan simple.

La próxima vez que tengas la oportunidad, detente, mira a tu alrededor y observa. Al mundo le vendría muy bien un poco más de compasión.

Traducción: Pat Melgar

¿Quieres más de Live Happy?
Recibe directamente en tu bandeja de entrada noticias, sugerencias y cosas que te harán sonreír.