Abandona estos 5 hábitos para encontrar la felicidad

Mujer feliz a la playa

Syda Productions/Shutterstock.com

Libérate de las actitudes negativas para atraer más alegría a tu vida.

Si haces una búsqueda en publicaciones de psicología positiva no encontrarás datos concluyentes de que tener un segundo automóvil en la cochera o un clóset abarrotado de ropa sea la clave de mayor bienestar. Y mientras las investigaciones muestran que las experiencias, más que las cosas materiales, son una fuente más confiable de satisfacción duradera, tener una ocupación permanente tampoco conduce a la dicha.

En realidad, adquirir o tener más no fomenta la felicidad. Por el contrario, la clave para llevar una vida más feliz en general depende de deshacerse de los malos hábitos, actitudes y creencias que impiden sentir mayor dicha. Hemos platicado con especialistas en el tema para que nos cuenten qué dejar de hacer para sentir mayor felicidad. Y algunas personas muy felices también nos comparten sus experiencias sobre qué dejar de lado para llevar una vida más plena y significativa.

Linda y Howard Payne
“Dejamos de tener un domicilio fijo y optamos por vivir de gira.”

En 2004, Linda Payne le planteó a su esposo Howard una simple cuestión: “¿De qué nos sirve vivir el sueño americano si no somos felices?” Howard era abogado especialista en bienes raíces y había vendido la empresa de inmuebles que él mismo había constituido a una compañía mucho más grande. En ese momento, él se encontraba dirigiendo siete de las nuevas oficinas y Linda era directora de operaciones en la sede más grande de la empresa. Ambos tenían 41 años, hacía 18 que estaban casados y decidieron no tener hijos. Y aunque distaban mucho de ser millonarios, llevaban una vida cómoda en Louisville, Kentucky: tenían una casa de 350 m2, dos autos en la cochera y eran socios del club de campo. Sin embargo, para obtener mayor rentabilidad la empresa de inmuebles había decidido reducir el personal de 90 a 35 empleados y la comunicación de los despidos recayó en Howard.

“Trabajaba miles de horas y estaba continuamente estresado,” recuerda. “La presión me estaba apartando de Linda. Nos parecíamos más a dos compañeros de habitación que a un matrimonio.”

En Alaska durante unas vacaciones de verano de quince días en pleno contacto con la naturaleza juntos hicieron senderismo, pescaron, disfrutaron del descenso en balsa por los ríos y la observación de aves y se volvieron a conectar. Pero al regresar a casa, el ánimo de Linda volvió a decaer. “No entiendo,” recuerda haber pensado, “por qué nos matamos toda la vida para poder retirarnos y algún día hacer las cosas que queremos hacer.”

Ella sabía que tenía que pasar algo medio “drástico” para cambiar sus vidas. Un buen día la idea de vivir en forma permanente en un vehículo recreativo “cruzó por mi mente.” Ninguno de los dos había viajado nunca en un vehículo recreativo pero Howard estaba dispuesto. Haciendo una mínima búsqueda en Internet, descubrió una cultura creciente de personas que optan por vivir en casas rodantes, que se han dado en llamar work campers o también “workampers,” y que viajan, en su mayoría, de campamento en campamento aceptando trabajo a tiempo parcial o voluntario.

Un día los Payne dejaron sus trabajos, vendieron su casa y en agosto de 2005 emprendieron viaje en su casa rodante rumbo a los parques nacionales. Llevaron registros de aves migratorias, pusieron en funcionamiento un tranvía, restauraron caminos y guiaron a los visitantes por senderos naturales. Sus ingresos anuales apenas llegaban a los $25,000 pero tenían pocos gastos.

Desde entonces Linda y Howard se han dedicado a construir un sitio web muy visitado, rv-dreams.com, y con frecuencia dan charlas en reuniones, seminarios y conferencias que se realizan en los espectáculos de vehículos recreativos por todo el país. “Somos bastante conocidos en el mundo de los vehículos recreativos,” dice Howard. Pero la mayor recompensa de su nueva vida juntos es la cercanía que han vuelto a descubrir. “Ya no tenemos aquella cuestión de compañeros de habitación,” dice Howard. “Somos un equipo, nos entendemos muy bien, somos muy amigos.”

Le preguntamos a Linda si es más feliz viviendo sin su trabajo tan estresante en un hogar sobre ruedas y ella mira sonriente a su esposo. “¿Somos felices, cariño?” pregunta y ríe. “Somos realmente mucho más felices ahora. No tendremos una vida financieramente acomodada, pero somos ricos en experiencias.”

Thomas Giordonello
“Dejé de estar en las redes sociales veinticuatro horas al día, siete días a la semana.”

Cuando Thomas Giordonello vio un recorte de noticias en agosto pasado sobre un hombre que intentó escalar la Torre Trump con ventosas gigantes, algo lo impactó: el tipo tenía realmente muy buen equipo de ascenso. Un minuto más tarde, Thomas, ejecutivo de cuentas de relaciones públicas, conversaba por teléfono con su cliente: la revista Outside. A la mañana siguiente un editor de Outside conmocionaba a todos los noticieros matutinos, haciendo comentarios y observaciones sobre el equipo y la técnica de aquel escalador.

Esa clase de vigilancia hacía que Thomas fuera realmente bueno en su trabajo. Pero cuando su pareja notó que aún durante una noche especial él siempre estaba distraído en la pantalla del celular, Thomas supo que necesitaba cambiar. Hoy, se permite abrir algunas “ventanitas” los fines de semana solo para asegurarse de no haber olvidado algo importante.

“Fuera de eso,” dice, “mi teléfono está en el bolsillo. Si bien la tecnología es algo increíble, intento vivir más en el momento y me conecto verdaderamente con la gente. Cuando una amiga me cuenta que fue a una cita con una persona que recién conoce, en lugar de decirle, ‘Oye, ¡sube su foto a Instagram!,’ le pregunto, ¿de qué cosas platicaron? ¿Cómo te sentiste al momento de despedirte?”

Hace poco Thomas organizó una reunión en su casa para un grupo de amigos conocidos desde el preescolar; puso una canasta cerca del recibidor de la casa y les pidió a todos que miren sus teléfonos (antes de dejarlos allí). “Si bien me di cuenta que uno o dos amigos volvieron a mirar sus teléfonos cuando fueron hasta el baño, puedo decir que la autenticidad de la conversación creció de manera exponencial con cada teléfono que fue colocado adentro de la canasta.”

Ángela Eastwick
“Dejé de necesitar la aprobación de las personas.”

En 2010, Ángela Eastwick renunció a su trabajo en una empresa neoyorquina de formación para medios de comunicación, vendió o regaló casi todo lo que tenía y se mudó a Negril, Jamaica, con unos $8,000 de ahorros. Su sueño era abrir una empresa de paseos nocturnos en la isla caribeña que tanto disfrutó durante sus vacaciones en familia cuando era pequeña.

“La vida que estaba llevando (el trabajo en la oficina, los viajes de ida y vuelta al trabajo, el clima frío, los vecinos que eran extraños) no me hacía feliz,” dice Ángela. “Sentía que estaba viviendo repeticiones del mismo programa de televisión en blanco y negro y deseaba vivir una vida llena de color. Pero aún había mucha presión en el entorno para que no fuera. Todos mis amigos y familiares me decían que estaba loca. Mi padre me ofreció comprarme un condominio si me quedaba. Todos pensaban que me iría mal y que volvería a casa en menos de un año.”

Durante sus primeros meses en Jamaica, Ángela vivió en una casa de huéspedes en la comunidad pesquera de Broughton. No tenía estufa ni agua caliente; tampoco cable o internet. “Fue una experiencia aleccionadora, que me cambió la vida,” recuerda. “Me acostumbré a bañarme con agua fría y a vivir una vida más simple e íntegra. Es increíble todas las cosas que crees que necesitas… que no necesitas.”

Formó su empresa, JuJu Tours, para pasear por las playas de Negril y ofrecer a los visitantes circuitos más auténticos con pozas de aguas cristalinas, cascadas y las pequeñas cafeterías que frecuentan los locales. Desde su inicio, JuJu Tours se ha caracterizado por tener un elemento de retribución y reciprocidad. Ángela le pide a la gente que traiga pequeños juguetes o útiles escolares de la tienda local Dollar Store para regalar a los niños. A medida que la empresa adquiría renombre, más crecía su obra benéfica. El proyecto solidario Good JuJu Charity Project ha adoptado y renovado una guardería de Broughton que se encontraba en dificultades y desde el 2012, brinda gastos de inscripción, uniformes escolares, libros y almuerzos para 30 alumnos todos los años.

Hace tres años, con un préstamo de su padre, Ángela compró una propiedad destruida en la playa para convertirla en casa de huéspedes. “Estaba deteriorada, sucia, había sufrido los embates del huracán Iván y después la tomaron ocupantes ilegales,” dice. Repararla demandó más tiempo y dinero de lo esperado pero finalmente, en noviembre de 2014, Somewhere West se puso en marcha a través de Airbnb.

A lo largo del camino, Ángela se enamoró de Jermelee Limoth y tuvieron dos hijos. Actualmente están renovando su propio hogar, cercano a la casa de huéspedes. “No me preocupa si nuestra casa no es lujosa,” dice Ángela. “Tenemos un techo que nos cubre, tenemos nuestra propia cocina y los niños están seguros. El largo periplo no ha sido fácil pero mi vida está llena de propósito y amor.”

Ángela dejó atrás la monotonía de su vida en blanco y negro para abrazar la felicidad a todo color. A continuación te compartimos cinco hábitos que los expertos recomiendan evaluar en la vida. Posiblemente necesites abandonarlos si realmente quieres escoger la felicidad.

1. Quejarse

Siempre llueve cada vez que necesito cruzar al otro lado de la ciudad. ¿Por qué no pueden hacer nada con estas largas filas en Starbucks? ¡Mi jefe me está enloqueciendo otra vez!

Qué fácil es pasarse el día lanzando al aire una queja tras otra. Pero lamentarse constantemente no solo es monótono, según sugiere un estudio publicado en Journal of Social Psychology, sino que además la manía de quejarse una y otra vez sobre una pareja actual o pasada puede perjudicar la satisfacción de la relación.

Will Bowen era ministro de una iglesia en Kansas City cuando decidió comenzar a servir para que este torrente de negatividad disminuya. “La queja es la antítesis de la gratitud y la aceptación,” dice, “que como sabemos, son esenciales para la felicidad.”

Will creó la pulsera morada con la leyenda “sin quejas”. Cada vez que te lamentas cambias la pulsera de una muñeca a otra: la meta es pasar 21 días sin quejarse o el tiempo suficiente como para comenzar a formar el hábito de no fastidiarse. willbowen.com ya ha vendido o donado más de 11 millones de pulseras.

Will, autor del libro A Complaint Free World: How to Stop Complaining and Start Enjoying the Life You Always Wanted, tardó cuatro meses en superar el reto de los 21 días. Pero aún cuando no logres hilar tres semanas seguidas sin quejas, tomar conciencia te ayuda a dejar de ser un quejoso continuo para convertirte en una persona más eficiente y conforme.

Esto podría significar quejarse con moderación y ante quien corresponda. Según Guy Winch, psicólogo y autor de The Squeaky Wheel: Complaining the Right Way to Get Results, Improve Your Relationships, and Enhance Self-Esteem, es importante tener una meta en mente antes de proclamar tu descontento. Pídele al mesero que vuelva a calentar tu sopa en lugar de lamentarte con quienes te acompañan durante la cena.

2. Tareas simultáneas

Nosotros revisamos nuestras publicaciones de Twitter mientras miramos la serie Game of Thrones, conversamos por nuestros teléfonos de manos libres mientras volvemos del trabajo a casa, nos ponemos al día con las noticias mientras jugamos Monopoly con los niños... Lo único que necesitamos para distraer nuestra atención es un zumbido o un sonido metálico. “A nuestro cerebro le encantan la novedades y las emociones,” señala Gary Small, psiquiatra y director del Centro de Longevidad en el Instituto Semel de Neurociencias y Comportamiento Humano de la Universidad de California. “Y eso es lo único que prometen nuestros maravillosos dispositivos digitales. Pero toda esta ejecución de varias tareas al mismo tiempo en un dispositivo o “multitarea”, también conocida como atención parcial continua, nos está poniendo en un estado de intenso estrés mental.”

Los expertos creen que el término multitarea no es del todo preciso. Porque no estamos haciendo realmente dos o más cosas a la vez. En realidad estamos “alternando tareas,” interrumpiendo una actividad para pasar a otra distinta. Un estudio de 2014 publicado en la revista Journal of Experimental Psychology mostró que aún cuando este proceso de detener y reanudar tareas solo requiera de tres a cinco segundos (que apenas alcanzan para saltar de una presentación en PowerPoint al buzón de entrada) es tiempo más que suficiente para duplicar o triplicar la cantidad de errores que los participantes cometen en la tarea que les fue encomendada. “En otras palabras,” explica Gary, “nos estamos volviendo más rápidos pero más torpes y descuidados.”

La habilidad para efectuar diversas tareas de manera simultánea no solo está potenciando nuestros errores sino que también menoscaba toda tentativa de alcanzar el estado de inmersión total que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi denomina flujo. “Cuando nuestro cerebro salta de un tema a otro,” dice Gary, “existe una calidad de staccato para nuestra experiencia mental. Eso nos aparta de las ideas y las emociones más profundas y más significativas.”

3. Rodearse de gente negativa

¿Conoces a alguien que tose, hace ruidos con la nariz o estornuda? Huye. Y ¿tienes algún colega que ante cada proyecto nuevo siempre predice que seguro va a fracasar? Aléjate. Un creciente cúmulo de investigaciones revela que las emociones negativas o positivas se “captan” con la misma facilidad que contraemos un virus.

Somos vulnerables a las emociones negativas de otras personas pero nuestros comportamientos y percepciones posiblemente también cambien, sostiene Sigal Barsade, profesora de administración, Cátedra Joseph Frank Bernstein, de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, que estudia el contagio emocional.

Primero imitamos el lenguaje del cuerpo y el estilo verbal de Debbie Downer, con sus hombros caídos, la expresión enojada y un patrón de voz uniforme. Después comenzamos a sentir el estado de ánimo que acabamos de observar: depresión, ansiedad, pesimismo. Por último, el ánimo que ahora hemos adoptado como propio afecta nuestro comportamiento. Rechazamos la invitación para ir a la casa de campo de un amigo porque todo lo que podemos anticipar es el tránsito enmarañado y los insectos.

Sin duda no queremos abandonar a un amigo porque está afligido o deprimido. Pero vale la pena preguntarse, dice Sigal, “si te disgusta quién eres cuando estás con esa persona. En caso afirmativo, estarás mejor si limitas tu tiempo con ella.” De no ser posible, Sigal sugiere tres estrategias para fortalecer tu inmunidad frente a colegas o familiares tóxicos.

En primer lugar, no los mires. “La gente negativa tiende a atraer nuestra atención: no permitas que crucen tu campo visual. Si no estás mirando a alguien, no comenzarás  inconscientemente a imitarlo.” En segundo lugar, ten compasión y ofrece tu interpretación más generosa de sus acciones y actitudes. Siempre que la otra persona no esté siendo abusiva, rebate su negatividad con compasión y amabilidad. Tercero, platícale. Si la otra persona es alguien muy cercana a ti y solo comenzó a quejarse recientemente, podrías empezar diciendo algo así como, “No te ves muy feliz últimamente. ¿Has pensado qué podrías hacer para cambiar las cosas?”

4. El movimiento perpetuo

“Todo el mundo está continuamente haciendo diversas tareas al mismo tiempo por lo que la ocupación constante se ha convertido en una enfermedad crónica de la sociedad contemporánea ,” afirma Hugh Byrne, autor de The Here and Now Habit: How Mindfulness Can Help You Break Unhealthy Habits Once and For All (conocido en español como “El hábito del aquí y ahora: cómo el mindfulness puede ayudarte a acabar con los hábitos no saludables de una vez por todas”.) “Se siente la tensión en el cuerpo porque hemos desencadenado el mecanismo de “lucha o huye”. Eso es parte de la evolución de nuestro sistema nervioso que nos ayuda a defendernos de las amenazas externas, pero es una forma de vivir que afecta toda nuestra existencia.”

Y si bien nos pasamos la vida corriendo, muchas veces sentimos que no estamos llegando a ninguna parte porque no nos estamos dando el tiempo para reflexionar hacia dónde queremos ir realmente. “Es importante,” dice Hugh, “escapar de la rutina de vez en cuando y sin agenda.” Hugh recomienda establecer una práctica habitual de meditación, comenzando con apenas cinco o 10 minutos al día. Siéntate con calma e inhala y exhala profundamente, repitiendo en silencio: “inhalar, calma el cuerpo; exhalar, calma la mente.”

Intenta también esparcir una buena dosis de atención plena durante todo tu día. “Disfruta de la sagrada pausa cuando te detengas en la luz roja del semáforo,” dice Hugh. “Cuando suene el teléfono, no lo atiendas de inmediato. Usa los primeros campanilleos como aviso para conectarte con tu respiración. Son esas pequeñas transiciones las que nos permiten apartarnos del ciclo perjudicial del estrés de bajo nivel.”

5. Autocrítica

Todos hemos escuchado alguna vez esa fatídica voz interior que nos perturba con que hemos sido aburridos en la fiesta, ridículos en la reunión, egoístas con nuestra pareja o ausentes como padres. Para algunos de nosotros la voz es omnipresente, como una respuesta automática para cada situación. “Has tenido esos pensamientos negativos tantas veces que se transforman en un camino neural muy frecuentado,” explica la psicóloga Elizabeth Lombardo, autora del libro “Better Than Perfect: 7 Strategies to Crush Your Inner Critic and Create a Life You Love (“Mejor que perfecto: 7 estrategias para aplastar al crítico interior y crear la vida que amas.”) “Especialmente cuando sientes estrés, ese es el atajo que toma el cerebro.”

Forjar un nuevo recorrido lleva tiempo. La psiquiatra Judith Orloff de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), autora de Emotional Freedom: Liberate Yourself From Negative Emotions and Transform Your Life (“Libertad emocional, cómo dejar de ser víctimas de las emociones negativas”), dice que su propio maestro espiritual una vez le dijo que “El progreso llega cuando nos golpeamos un poco menos cada día.” Estas son tres maneras de comenzar a detener la autoflagelación:

  • Párate frente al espejo y pronuncia amablemente, “Me veo estupenda y soy una persona atenta y generosa.” Después, con tu tono más desagradable, di “Me veo horrible y no me soporto.” En el primer caso, probablemente sientas menos tensión y respires con mayor facilidad. En el segundo caso, sentirás lo contrario. Asimila lo que esto te demuestra sobre "el poder dinámico de tus emociones," dice Judith.
  • Reformula tus pensamientos negativos. Elizabeth sugiere que te preguntes: “¿Cómo quiero percibir esta situación?” “¿Cómo la percibiría alguien que yo admiro?” “¿Qué consejo le daría a un amigo que se encuentre en la misma situación?”
  • Avanza hacia una zona libre de juicios de valor a través de una actividad nueva. Toma una clase de decoración de pasteles o lecciones de guitarra. “Tu finalidad es pasar un rato ameno,” dice Elizabeth. “Eso implica volver a definir lo que yo llamo una ‘conquista.’ Esa conquista no es verse mejor que nadie sino mostrarse en público y disfrutar el proceso. Y la belleza es cuando dejas de juzgarte y compararte en este nuevo pasatiempo, te puede llevar a otros ámbitos de la vida.

Shelley Levitt es escritora independiente de Los Ángeles y colaboradora de contenido para Live Happy.

Traducción: Pat Melgar

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