4 maneras de vivir cada día con intención

Mujer con su café de la mañana.

A and I Kruk/Shutterstock.com

“Quiero moverme por la vida con energía y con esa sensación de descubrimiento, logro, dicha y compromiso.”

Esa es mi intención. Espero que vivir así sea el antídoto a esa sensación de inquietud, que muchas veces tengo al final del día, cuando me acuesto con remordimiento preguntándome en qué se me fue el tiempo. Es mi intención dejarme guiar por mi propósito y no por el sentimiento de estar pasando mis días desordenadamente, cayendo en caprichos o distracciones.

Según la experta Mallika Chopra, creadora del sitio web Intent.com y el psicólogo Elliot Berkman, director del Laboratorio de Neurociencias Afectivas y Sociales de la Universidad de Oregon, definir intenciones puede servir como una especie de Estrella del Norte interna, que ilumina el camino a una mayor realización y satisfacción en la vida.

Estos son los cambios que hice a las pocas semanas de definir mi intención:

1. Medito (casi) a diario.

Me ha llevado años comprometerme con este hábito, pero los 10 ó 15 minutos que practico meditación guiada con la app Calm han sido una experiencia transformadora. El punto de inflexión fue un taller que hice con Zokestu Norman Fischer, poeta y sacerdote del budismo Zen. “Cuando la gente dice que no tiene tiempo para meditar,” dijo, “les pregunto cómo tienen tiempo para no meditar.” Con una práctica habitual de la atención plena (mindfulness), tendrás menos accidentes, perderás las cosas con menos frecuencia, mejorará tu concentración, te resultará más fácil tomar decisiones.”

Sorprendentemente, he descubierto que todas esas cosas son ciertas. Y cuando me siento estresada, evoco la imagen que suelo visualizar durante la meditación—imagino que mi respiración es como un largo collar de perlas y eso me ayuda a volver a conectarme con esa experiencia de quietud. Sin embargo, por mejor que me haga sentir la meditación, es algo que suelo pasar por alto a menos que lo planifique. Por eso me aseguro de meditar diariamente a las 11 a.m. y a las 4 p.m., por si acaso.

2. Dejé de seguir las noticias compulsivamente.

Más que nunca, siento que es importante estar informado. Pero mirar un programa de noticias tras otro no me aportaba mayor información de los temas que me preocupaban; sólo alimentaba mi indignación. Y aunque me alegra haber sumado el Washington Post a la suscripción de mi amado New York Times, leer cualquiera de ellos en la cama sólo estaba intensificando mi insomnio crónico. Por eso, me impuse algunas reglas: no mirar programas de noticias ni diarios después de las 9 de la noche. En lugar de eso, pienso en cómo quiero sentirme—inspirada, divertida, transportada, ilustrada. Y en función de eso, elijo qué quiero leer, mirar o escuchar. Eso ha hecho que dedique menos horas a CNN y más tiempo a GLOW, la comedia de Netflix sobre una historia de mujeres de la vida real dedicadas a la lucha libre, ambientada en los años 80, al podcast On Being with Krista Tippett y a las bellas novelas napolitanas de Elena Ferrante.

3. Cocino más.

Me gustaría adelgazar dos (o cinco) kilos. Pero normalmente decidir bajar de peso es algo tan falto de alegría como infructuoso. Entonces en lugar de eso, pienso en alimentarme de una manera que se adecúe a mi intención de sentirme con más energía. Y eso me ayuda a apartarme de la comida china para llevar y dedicarme más a mi propia cocina para preparar ollas de farro y acelgas en estofado, practicar la cocción perfecta de huevos y sumergirme en mis libros como The Food of Morocco de Paula Wolfert y What to Eat for How You Feel: The New Ayurvedic Kitchen de Divya Alter. Al probar nuevos platillos, como el zaaluk o caviar de berenjenas de Paula o la ensalada con brotes de frijol mungo de Divya, también disfruto esas sensaciones de descubrimiento y de logro que estoy buscando.

4. Hago al menos una cosa nueva cada fin de semana.

Últimamente he tenido toda clase de experiencias nuevas y he conocido gente interesante: ofrecerme como voluntaria para preparar comidas en un banco de alimentos, recorrer un nuevo sendero, tomar una clase de elaboración de cerveza de kombucha, caminar a lo largo del río Los Ángeles en un encuentro dirigido por la campeona en natación de larga distancia, Diana Nyad, asistir a una plática de Noah Levine, autor de Dharma Punx en la inauguración del BuddhaFest en Los Ángeles... Algunas salidas no han resultado demasiado inspiradoras (cuanto menos se diga del encuentro de meditación realizado en Conscious Life Expo, mejor), pero siempre siento que estoy concretando mi intención para salir de mi zona de confort.

Aún estoy muy lejos de vivir totalmente en consonancia con mis intenciones. Hay innumerables cuestiones que me desvían del camino. Pero me siento motivada más que vencida. Hoy entiendo mejor cómo las pequeñas cosas—un escritorio muy desordenado, una cama sin hacer—pueden perjudicar tu visión de cómo quieres que se despliegue tu vida, y creo que pronto podré poner en marcha nuevos hábitos.


Shelley Levitt es periodista independiente de Los Ángeles y colaboradora de contenido para Live Happy. Su trabajo ha sido publicado en Real Simple, People y SUCCESS, entre otras.

Traducción: Pat Melgar

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