4 maneras de ayudar a una persona querida con cáncer de mama

Mujeres vestidas de rosa por la campaña de Prevención del Cáncer de Mama

Rawpixel.com/Shutterstock.com

Hay muchas formas de brindar generosidad ante una crisis de salud.

Lo más horrible del cáncer es saber que lo tienes. En cambio lo más bonito, y sí que hay una parte bella, es que te permite conocer la bondad humana. Haber tenido cáncer de mama en 2011 me expuso ante un amor inconmensurable, que jamás hubiera recibido de no haber padecido cáncer.

Mientras me recuperaba de la cirugía y la quimioterapia, amigos y vecinos nos brindaron ayuda (tanto a mi familia como a mí) de formas mucho más significativas de lo que pueda explicar. Y lo mejor para mí ha sido esa entrega de parte de ellos, que quedará para siempre grabada en mi memoria.

Cuando amas o te preocupas por alguien que se enfrenta a una situación tan difícil como el cáncer de mama, es natural querer hacer lo que sea para ayudar. Sin embargo, muchas veces no sabemos con exactitud qué es lo que podemos hacer.

Estas son cuatro cosas que puedes hacer para ayudar a aliviar la situación de alguien que se enfrenta al cáncer.

1. Tiempo

Una de las cosas que el paciente oncológico pierde es tiempo. Yo perdí tres semanas para recuperarme de una mastectomía bilateral, y por lo menos otra semana, o más, para recuperarme de cada sesión de quimioterapia.

Todo lo que la gente me ofrecía para que yo pudiera recuperar un poco de tiempo era muy importante. Las comidas que nos preparaban hacían que no tuviéramos que dedicar tiempo a la cocina. Los alimentos que nos compraban y nos dejaban en la entrada de nuestra casa hacían que no tuviéramos que dedicar tiempo a las compras del supermercado. Hay muchas maneras de ayudar a un paciente con cáncer para que pueda disfrutar con su familia los pocos momentos en que se siente bien. (Idea: por ejemplo, puedes ayudarle a ahorrar tiempo de limpieza, enviándole a su casa servicios de limpieza.)

2. Alimentación

En mi lucha contra el cáncer, la manera de conquistarme era por el estómago. No necesariamente por mi estómago, porque muchas veces sentía náuseas y tampoco tenía apetito, sino por mi familia. La mayor parte de las noches me sentía muy débil y mareada como para cocinar y mi esposo tenía que hacer malabares con nuestros dos pequeños de 1 y 3 años.

Por lo que cada platillo que la gente nos preparaba, nos enviaba o pedía para nosotros nos hacía sentir queridos y acompañados. Toda esa ayuda también nos aliviaba del estrés de tener que tomar decisiones sobre las comidas. (Idea: crea un calendario de planificación de comidas del vecindario.)

Mis compañeras de trabajo también recogían varias docenas de tarjetas de regalo para diferentes restaurantes: y teníamos de todo para elegir, desde pizzerías y heladerías con entrega a domicilio hasta restaurantes más elegantes con servicio de mesa. Mi esposo, niños y yo definitivamente hemos hecho un buen uso de esas tarjetas de regalo mientras estuve enferma, pero también sirvieron para mucho más que eso... Cuando nuestros familiares venían a ayudarnos, nosotros las usamos para poder darles de comer. Casi cada bocado de comida que probé en aquel momento vino de la gentileza de mis compañeras de trabajo y amigas que me ayudaron a alimentarme durante un año realmente espantoso.

3. Presencia

En las marchas de resistencia, hay acompañantes llamados pacers: personas que, para determinadas distancias, corren a la par de los participantes de la carrera para velar por su seguridad y cerciorarse de que no se encuentren demasiado cansados para completar la competencia.

En el transcurso de mi enfermedad, no hubo ni un solo punto de mi trayecto en el que no tuviera un acompañante allí conmigo en todo momento. Creo que todo paciente oncológico necesita esa clase de acompañantes.

Los míos me visitaban en el hospital. Incluso cocinaban galletas para todo el personal de enfermería que me cuidó después de la cirugía. También me enviaban discos DVD por correo, y periódicamente aparecían para preguntar cómo estábamos.

No necesitaban estar presentes físicamente; hasta los mensajes que nos enviaban a través de Facebook para decirnos que estaban pensando en nosotros o que esperaban que todo saliera bien, nos resultaban útiles, esperanzadores y necesarios. (Idea: envíale a tu amigo o amiga que tiene cáncer un texto o un mensaje de correo electrónico profundo y sincero.)

4. Dinero

Como sobreviviente de cáncer de mama, nada me molesta más que todas esas actividades “enmascaradas de color rosa” que aparecen durante el mes de octubre. Saben a lo que me refiero: “Compra esta caja rosa de macarrones con queso y una parte de nuestras ventas será destinada a la investigación del cáncer de mama.” Por favor, ve y compra una caja de macarrones con queso especialmente identificada si la necesitas… pero no decidas tus compras en función de las cintas de color rosa.

Hacer una donación a una causa que impulse la atención al paciente oncológico o la investigación del cáncer es un deseo muy noble, pero es preferible que gastes el dinero de manera coherente. Dona a algo que de verdad fomente la investigación o apadrine el cuidado de los pacientes. Una búsqueda rápida en Google de “cómo saber si una obra de caridad es legítima” produce una cantidad de resultados que te servirán para decidir dónde donar.

Tal vez quieras considerar la posibilidad de donar a un centro hospitalario de tu zona que se dedique a las investigaciones. Esa clase de centros, en su mayoría, tiene una fundación que recauda fondos específicamente destinados a la investigación o programas de atención al paciente oncológico dentro del mismo hospital. En general, cuando estos estudios regionales más pequeños reciben financiación y las investigaciones dan resultados prometedores, eso genera interés en otros donantes a mayor escala.

Al haber sido parte receptora de estas cuatro formas de generosidad, me atrevo a decir también que aunque todo lo que tengas para dar sea unas pocas palabras de aliento —algo que le permita a la otra persona saber que estás pensando en ella—, no dejes de darlas. Esa persona querida las necesita.


Melanie Medina es una sobreviviente de cáncer de mama y escritora independiente, que adora las razas de perros que terminan en «doodle» (garabato).

 

Traducción: Pat Melgar

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