3 hábitos para fomentar la resiliencia

Mujer trepando un muro de escalada
Foto cortesía de Getty Images.

Dos nuevos libros muestran cómo los traumas pueden hacer que afloren nuestras mayores fortalezas.

Estaba leyendo Bouncing Forward: Transforming Bad Breaks into Breakthroughs [Cómo salir adelante: transformando los malos momentos en avances] cuando toqué las teclas equivocadas y eliminé por error la carpeta de programas de mi 

computadora. Son ese tipo de cosas que te inundan de pánico, como si fuera el fin del mundo, y que llegué a sentir, aunque sólo momentáneamente. El libro me había proporcionado un cierto sentido de perspectiva, por lo que con mucha calma me dispuse a restablecer lo que había perdido. Ahora, casi ocho horas más tarde sigo sin poder imprimir documentos o enviar mensajes de correo electrónico, sin embargo, me reconforta saber que soy una persona más decidida y resiliente.

El libro Bouncing Forward fue escrito por Michaela Haas, instructora de atención plena (mindfulness) con diploma de doctorado en estudios asiáticos y maestra de budismo de la Universidad de California, Santa Bárbara. Su tema es el crecimiento postraumático, es decir, los cambios positivos y transformadores que experimentan algunas personas tras afrontar toda serie de dificultades.

El lado positivo de la adversidad

Sobre mi mesa de noche también tengo otro nuevo volumen, Upside: The New Science of Post-Traumatic Growth del periodista Jim Rendon. Estos dos libros comparten historias de individuos que han soportado enormes crisis: fueron prisioneros de guerra o fueron sobrevivientes de campos de concentración; perdieron un hijo o una familia entera por culpa de un conductor ebrio o a causa de una catástrofe natural; quedaron paralíticos tras un trágico accidente o resultaron víctimas de actos de violencia indescriptibles. Con mucho trabajo y valor cada uno de ellos, con el correr del tiempo, ha logrado afrontar y superar el trauma con relaciones más intensas, un nuevo sentido de su propia existencia y mayor aprecio por la vida. Es imposible no sentirnos conmovidos, inspirados y fortalecidos con sus historias.

Muy pocos, como escribe Michaela, posiblemente seamos atacados por un tiburón, como la surfista estadounidense Bethany Hamilton, o seamos blanco de los talibanes, como Malala Yousafzai, la extraordinaria joven ganadora del Premio Nobel por defender el derecho a la educación de las niñas. Pero todos alguna vez pasamos por momentos de pérdida y dolor en nuestra vida y todos podemos aprender las enseñanzas de la ciencia del crecimiento postraumático sobre cómo manejar los malos momentos, sean de poca gravedad, como romper una computadora, o aquellos otros, que terminan desgarrando la esencia misma de nuestras vidas. 

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Según Michaela y Jim, tres son los hábitos diarios que nos ayudan a cultivar el valor y la resiliencia ante la adversidad:

1. Meditar

Dedica 12 minutos todas las mañanas y todas las tardes para meditar. Simplemente siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos o mantenlos ligeramente abiertos, concentra la atención en tu respiración y siente cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Si tu atención se desvía a los ruidos de la calle o a tu lista de cosas por hacer, suavemente y sin criticarte, vuelve a fijar la atención en tu respiración. Michaela dice que la meditación nos entrena para regular el estrés y diluir los temores, cualidades que necesitamos para afrontar y sobreponernos de la adversidad.

Tal vez quieras probar con una forma de meditación llamada en la bondad amorosa (práctica también conocida como meditación en la compasión). Otra vez, siéntate en una posición cómoda y concentra la atención en tu respiración. Luego centrándote en la región del corazón, Michaela sugiere que pienses en alguien que despierte en ti sentimientos muy agradables y positivos . Sustituye ahora la atención de tu respiración por esos pensamientos mientras inhalas y exhalas: “Que disfrutes de la felicidad y de todo aquello que la motive”, “Que puedas liberarte del sufrimiento y de aquello que lo provoque”. Después de unos minutos, haz que esos pensamientos afectuosos sean extensivos a ti: “Que pueda gozar de felicidad y de todo aquello que la motive”, “Que pueda liberarme del sufrimiento y de aquello que lo provoque”. Esta práctica en la bondad amorosa mejora tu capacidad para generar emociones positivas aún cuando te encuentres en una situación muy angustiosa.

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2. Apreciar

Cultiva la práctica de expresar gratitud  y aprecio. Cada día escribe tres cosas por las cuales te sientes agradecida; anota las tres primeras cosas que pasen por tu mente. Pueden ser cosas pequeñas o más grandes, como la planta de albahaca que está floreciendo en tu jardín, o una buena noticia al recibir un examen médico. “Cuando algo sale mal, saber apreciar se vuelve indispensable”, señala Michaela, aunque también es fácil golpearse duramente al enfrentar desafíos. Si tu forma de ser habitual es centrarte en los dones de tu vida, te resultará más fácil mantener el buen ánimo y seguir adelante con lo que debas hacer.

3. Conectarse

En  lugar de apartarte de la gente, enviando mensajes de texto o revisando tus mensajes de correo electrónico a medida que avanza tu día, busca oportunidades para entablar relaciones. En su libro, Jim señala que un volumen considerable de investigaciones demuestra que vincularse con otras personas es un claro vaticinador de crecimiento después de un acontecimiento traumático. Incluso las comunidades en línea contribuyen a que los supervivientes de experiencias traumáticas de todo tipo se sientan más optimistas, confiados y fortalecidos. Haz una prueba: durante algunos días haz el intento de platicar con el barista de tu cafetería o con la cajera de la tienda; sonríe a la gente que pasa por la calle; mantén abierta la puerta del elevador para una persona desconocida. Pronto descubrirás que todos esos pequeños actos que hacen a la formación de una sociedad mejoran tu sensación de bienestar.

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Traducción: Pat Melgar

 

Shelley Levitt es periodista independiente del sur de California y colaboradora de contenido para Live Happy.

 

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