¡Nacidos para jugar!

Ona Bouchie sabe del poder del juego

Ona Bouchie sabe del poder del juego.

“Cuando las cosas en mi mundo pierden importancia, me recuerdo salir a jugar,” dice el instructor de yoga de Boston. “Cuando comienzas a jugar con los demás surge una conexión increíble. Empezamos a vernos de adentro hacia afuera y de repente, somos cada vez más parecidos. Después de jugar y divertirte con otras personas es como si te convirtieras en un gran corazón visto desde adentro.”

El poder sanador del juego

Ona, que imparte clases de yoga orientada especialmente a personas adultas que padecen algún tipo de discapacidad mental y a militares veteranos afectados por distintos traumas, dice que el poder del juego es tan terapéutico como cualquiera de los movimientos físicos que hacen en clase.

“La mayoría de mis clases son bastante lúdicas,” afirma. “Me gusta hacer que la gente intente nuevas posturas, que vean que está bien no poder mantenerlas y se rían de eso. Cuando la gente tiene la oportunidad de reírse se libera mucho. Y cuando me puedo reír de mí misma no me voy a tomar las cosas como algo personal.”

El respaldo científico

La ciencia también sostiene lo que Ona afirma: el interés por los beneficios del juego ha aumentado enormemente entre psicólogos, docentes y el mundo empresarial. En un informe de 2009 publicado en la revista American Journal of Play, Peter Gray, psicólogo del desarrollo del Boston College, sostiene que la ausencia de juego está creando una cultura empresarial de codicia y arrogancia más que de cooperación y bienestar.

Las investigaciones del Instituto Nacional del Juego (NIP) indican que volver a poner el juego y la recreación en la rutina de los adultos puede ayudarlos a estimular la creatividad, reducir el estrés, acrecentar la función cerebral e incluso, mejorar las relaciones con los demás. Tras años de decadencia, parece que el espacio del juego regresa de manera relevante.

Ve a jugar

Ona está tan convencida del poder del juego que cuando se siente negativa se empeña en salir a jugar. “Al ser infantil me siento más valiente y audaz. Me aparta de mi mente, que normalmente es lo que me vuelve negativa,” dice.

“Rodar cuesta abajo, ir a los caballitos o escalar la cuerda me permite derribar mis falsas creencias absurdas, reírme y hacer contacto con mi auténtico yo. Cuando logras vencer esos obstáculos o muros de cómo se supone que debes comportarte todo se vuelve más divertido.”

Diversión para adultos

Durante una visita a Cincinnati en temporada de otoño para celebrar la vida de su tía preferida, Ona llevó a sus familiares a conocer Vibrant Playscape, un parque recreativo para adultos y niños. Le entusiasmaba poder mostrarles los toboganes, columpios, muros con redes de escalada de tamaño extra grande.

“Intenté animar a jugar a todos mis tíos pero no quisieron,” recuerda, “entonces, simplemente decidí ir a jugar por mi cuenta.” Mientras observaban, de uno en uno comenzaron a tentarse y así, todos los tíos y tías de Ona comenzaron a jugar con ella como niños, riendo y perdiéndose en la diversión del momento. El ambiente del día cambió por completo, dice Ona.

“Hay una parte nuestra que verdaderamente anhela experimentar el espíritu infantil,” dice. “Pero nos han enseñado a no jugar más. Cuando olvidamos lo aprendido y despertamos nuestro niño interior, nos conectamos realmente con quien hemos nacido para ser. Eso es algo muy valioso.”

Para conocer más sobre el poder del juego, lee el artículo principal en la edición de febrero 2016 de la revista Live Happy.


Paula Felps es editora científica para Live Happy.

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