Abraza la vida

Urraca azul en pleno vuelo
Paul Reeves Photography/Shutterstock.com

7 claves que me ayudaron a superar grandes pérdidas

Cada uno tiene que aprender a afrontar el duelo a su manera, pero me gustaría platicarles que debido a todo lo que he pasado en la vida, puedo ofrecerles algunas ideas para sobrevivir, e incluso seguir adelante, después de sufrir grandes pérdidas.

En el transcurso de diez años perdí a varios miembros de mi familia: mi esposo, un hermano y mi hijo. Algunos días fueron como si algo me hubiese estado asestando un puñetazo de dolor directo al estómago; otros días me sentía como los pinos del juego de boliche: no terminaba de ponerme en pie cuando otra bola me volvía a derribar.

Como mujer capellán del Centro Médico de la Universidad Baylor en Dallas, con años de experiencia de trabajo con familias desconsoladas, pensaba que realmente podía hacerle frente. Sin embargo, no pude: no sin pedir ayuda e intensa reflexión espiritual y sin relacionarme con otras personas, a través de la terapia de grupo para recuperarnos del dolor.

Volver a vivir

Estas son algunas cosas que rejuvenecieron mi alma y me ayudaron a volver a vivir plenamente.

1. Leer algo positivo cada mañana

Puede ser la Biblia, poesías o simplemente algo gracioso, pero siento que al comenzar el día recibiendo información positiva favorece mi punto de vista. Esperar hasta la tarde o noche no tiene el mismo efecto. Al arrancar un nuevo día con algo revitalizante o inspirador me ayuda a apreciar lo que tengo, no lo que perdí. Siempre finalizo mi momento de lectura con una oración para pedir fuerzas, que aparentemente también ayuda.

2. Realizar algunos cambios importantes

Durante mi recuperación tuve que tomarme un tiempo para mí misma y cuidarme. En mi caso eso significó tomar un descanso de un trabajo verdaderamente estresante pero también admitir que ya no podía seguir cumpliendo la tarea de mujer capellán, dedicándome por completo a la gente en sus últimos días de vida y a sus seres queridos. Significó aprender a aceptar que esos mares de lágrimas esporádicos eran como agentes naturales de sanación, que debía acoger en vez de evitar. Pero también hubo días en los que volvía a sumirme en una profunda tristeza. Por eso, con el tiempo, terminé buscando ayuda profesional, y resultó invalorable.

3. Encontrar un grupo que te ayude a superar el dolor

Yo tropecé con el libro The Grief Recovery Handbook de Russell Friedman y John W. James, conocido en español como Superando pérdidas emocionales. Lo primero que hice, con una amiga y de una manera bastante informal, fue intentar analizar el método descripto en ese manual. Después, tomé el curso de capacitación en el centro llamado The Grief Recovery Institute junto a Russell Friedman, donde me recibí de Facilitadora Grupal acreditada. Tiempo después, comencé a ofrecer un programa de difusión en grupos de trabajo y religiosos. El método me sirvió porque me ayudó a analizar todas las pérdidas que sufrí en la vida, las pautas que por entonces seguía para afrontarlas y los puntos en los que siempre me quedaba estancada.

4. Encontrar un método de recuperación que sea de tu confianza

El método del Programa de difusión para superar el dolor emocional [Grief Recovery Outreach Program] me permitió identificar las relaciones que me generaban mayor sufrimiento emocional; de ese modo aprendí que era necesario completar las comunicaciones inconclusas que tuviera pendientes con ciertas personas para poder seguir adelante con mi vida.

Fui capaz de hacer las paces con el suicidio de mi hermano, en parte escribiéndole una carta en la que le expuse todos mis sentimientos reprimidos sobre nuestra relación y su muerte. Rodeada del afecto y apoyo de nuestro grupo, leí la carta en voz alta y sentí una singular sensación de pura felicidad y liberación. Finalmente fui capaz de desvincularme del intenso sufrimiento que me generaba su suicidio y agradecer una vez más por su vida.

5. Olvidar el escepticismo temporalmente

A mí me ayudó mucho imaginar que permanecería espiritualmente conectada con aquellos que "levantaron vuelo", como mi hijo Jonathan se refería a su muerte inminente. Al poco tiempo de la muerte de mi padre noté que, cada vez que me sentía deprimida y comenzaba a extrañarlo, un cardenal rojo sobrevolaba o se posaba en alguna rama cercana a mí. Sucedía con tanta frecuencia que terminé creyendo que los cardenales eran como mensajeros de mi padre.

Jonathan sabía eso y prometió que, cuando ya no estuviera entre nosotros, nos enviaría una urraca azul como su mensajera de amor y contención. (Mientras escribo estas líneas, esta mañana dos urracas azules juegan en mi fuente de agua para pájaros.)

6. Volver a encontrar la diversión nuevamente

Mientras atravesaba el proceso de duelo, pasé varios meses decaída y sin ganas de hacer nada. Eso podría haber continuado indefinidamente porque la gente asumía que era posible que aún no estuviera preparada. Y muchas veces tenían razón. Pero yo necesitaba salir y apreciaba mucho a quienes me dejaban “invitarme” a participar en cualquier actividad que estuvieran haciendo. Por ejemplo, para la primera navidad después de la muerte de mi esposo, me ofrecí “en adopción” y lo pasé muy bien en Birmingham, Alabama, junto a la gran familia de una de mis mejores amigas.

7. Abrazar la vida

C.S. Lewis escribió, “Asimilar el duelo es saber que has amado y mucho”. Es cierto y según se define en el Grief Recovery Handbook, el duelo es “la reacción normal ante una pérdida”. Pero yo agregaría que vivir felices es la reacción normal ante la vida... que es posible tener aún en momentos de profunda tristeza. Un colega del grupo lo explicó a la perfección, cuando todos estábamos compartiendo nuestras reflexiones finales sobre el programa: “Aprendí que no fui yo quien murió, sino esa otra persona, ¡y yo quiero volver a vivir !” Adopté su teoría como propia y descubrí que la vida es hermosa.

Para obtener más información sobre el proceso de duelo positivo, lee el artículo “La vida después de una gran pérdida” en la edición de octubre 2014 de la revista  Live Happy .

 

Traducción: Pat Melgar

 

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